Pasaste por encima de mícomo pasa el silencio en el mar,
y yo no te supe amar,
ni te lo supe decir.
Pasaste como una colada
de lava dorada y furiosa,
y yo no me di cuenta de nada,
pensaba siempre otra cosa.
Por encima de mi pasaste
igual que la vida que pierdo,
y te escribo porque me olvidaste,
porque yo sé que me amaste,
y al escribirte me acuerdo ■ rr

La final del torneo de Wimbledon (2008), entre Roger Federer (Suiza) y Rafael Nadal (España), estuvo, no solamente llena de dramatismo, sino sobre todo, llena de finura y clase. Los dos demostraron una impecable caballerosidad y sobre todo una enorme humildad. De veras que daban ganas de llorar cuando, al final del partido, durante la entrevista pública que les hicieron en medio de la cancha, Roger hablo muy respetuosamente de su contrincante, mientras que Rafa, el triunfador, no hizo más que poner muy en alto el nombre de Roger. Esto es lo que yo llamo un juego entre caballeros. LOS DOS SE MERECIAN EL PRIMER LUGAR. Impresionante ver la ecuanimidad de ambos jugadores, una vez terminado el dramático partido. Ojala y los seres humanos aprendamos un poco más sobre como competir, sin trampas, ni rencores, sin rabietas, ni enojos, sin echarle la culpa a nadie; al fin y al cabo, lo importante es COMPETIR Y VOLVER COMPETIR. FRACASAR no es cuestión de perder un partido, así como GANAR, tampoco es cuestión de ganar un partido Las personas siempre estamos en un eterno balance entre perder y ganar, entre acertar y fallar, entre reír y llorar. EL QUE GANA, no quiere decir que ya gano para siempre, y EL QUE PEIRDE, no quiere decir que ya perdió para siempre. Y así es la vida SOLO ESTA DERROTADO EL QUE HA DEJADO DE LUCHAR, sin embargo, EL QUE SE VANAGLORIA DE SUS EXITOS, ha alcanzado la mayor de sus DERROTAS ■ robert solis






Entré hace pocos días en un nursey home, una anciana deambulaba perdida por el pasillo sin rumbo, un juguete roto, sin memoria de nada ni de nadie. Una enfermera la recoge y observa mi cara de pena y me dice "dicen que nos morimos dos veces, cuando nos morimos y cuando nos olvidan. Pero también te mueres cuando te olvidas de todo...". Se me quedó la frase. Es verdad: nos morimos de muchas maneras. Una es cuando, aunque estemos vivitos y coleando nos olvidan. También cuando nos olvidamos. Soy un poco tonto con ésto del olvido. No quiero olvidarme de mi vida, con sus luces y sombras. No quiero que me olviden. Por eso escribo, para recordar y para que me recuerden. Hay lugares por donde pasé, corazones que transité y vidas que me crucé donde se ha borrado la memoria de mi: se han quitado mis fotos, se ha silenciado mi nombre y se ha prohibido citarme. Si alguna vez estuve allí, dentro de unos años, nadie lo sabrá. Por eso escribo: quiero estar vivo ■ sm




¡Tus labios en mis ojos!






















Dijiste que habias llorado cuando supiste que me iba. Y me quedé sin palabras. Se me fué el poco aliento que tengo éstos días. Incluso me costaron algunos segundos retomar la conversación. Los hermanos se dicen todo, pensé mientras imaginé por dónde irías, lo que son, lo que piensan y lo que sienten. Sin vergüenzas ni nada. Y me acordé también de aquello tan entrañable de los Proverbios: el hermano que ayuda a un hermano es como una ciudad amurallada. Y también me acordé -por qué no; sabemos descender de lo eterno a lo temporal y pasar de lo sagrado a lo profano en cuestión de segundos- de aquello que hace años cantaban los Mecano: Y si me vuelven a asaltarlas ganas de petardear dame dos hostias y hazme ver que estar aqui es un milagro que se puede compartir. No te alejes, Magno, no te alejes. Aún cuando yo me ponga rasposo (¿o era rozado? Ya ni sé) y esconda la cabeza en la tierra, como cobarde avestruz. Hace poco escribimos -sí: escribimos- que la amistad es una confianza en el corazón que conduce a buscar la compañía del otro elegido por nosotros entre los restantes, y a no tener miedo de él, a esperar de él apoyo, a desearle el bien, a buscar ocasiones de hacérselo y a convivir con él lo más posible. Como dice Benedetti: Compañero, usted sabeque puede contar conmigo, no hasta dos ni hasta diez, sino contar conmigo. No te alejes demasiado, no seas cabrón; quédate cerca porque la vida, con los amigos, es dos veces vida ■ 



